
Felicia Ardí sólo tenía 13 años cuando se enteró de que su padre llevaba una vida secreta. Walter Ardí, que fingía ser representante, era en realidad un famoso ladrón. Cuando lo apresaron y lo condenaron a cadena perpetua, Felicia decidió seguir su ejemplo. Siguió un programa de preparación física para aumentar su fuerza, resistencia y agilidad. También estudió artes marciales y aprendió a forzar puertas y cajas fuertes. Tras años de entrenamiento, Felicia diseño un traje para ocultar su identidad y se lanzó a buscar diversión y aventuras como la Gata Negra.
Se supone que los gatos negros traen mala suerte, y Felicia quiso aprovecharse de esa vieja superstición. Antes de cometer un crimen, estudiaba la zona circundante y eligía una ruta de huida. Luego preparaba lo necesario para que se produjeran accidentes que impidieran su captura. Las paredes se derrumban, las cuerdas se rompían y los coches perdían el control. Esas artimañas convencían a sus enemigos de que la Gata Negra acarreaba mala suerte a quien se cruzara en su camino.
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